Educación docente clave para combatir la desinformación climática, revela investigación de UNIR sobre deficiencias en la formación en Ciencias.
LOGROÑO, 23 de enero.
Una reciente investigación de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) ha puesto de relieve un problema profundo en la educación ambiental: la discrepancia entre la percepción que tienen los docentes sobre su conocimiento del sistema climático y la realidad de dicha comprensión.
El análisis revela que muchos profesores de ciencias de Educación Secundaria creen poseer un nivel de alfabetización ambiental mucho más elevado que el que realmente tienen. Este fenómeno, descrito por los investigadores como una "ilusión de conocimiento", podría dar lugar a concepciones erróneas en los estudiantes, aumentando la posibilidad de que dichos errores persistan en futuras generaciones.
La ausencia de una base científica sólida facilita la aparición de ideas incorrectas en el aula, lo que crea un entorno propicio para la propagación de desinformación. Este estudio, que se ha publicado en la revista 'American Behavioral Scientist', se centró en 433 educadores y futuros educadores de ciencias de la educación secundaria en España y Latinoamérica y evaluó tres aspectos clave: el conocimiento real sobre el sistema climático, la autopercepción de ese conocimiento y la disposición a llevar a cabo acciones proambientales, como el reciclaje y el consumo responsable.
Con motivo del Día Mundial de la Educación Ambiental, la investigación pone en evidencia que aumentar la percepción de conocimiento no es suficiente si no se acompaña de una evaluación crítica de las propias limitaciones en la comprensión del medio ambiente.
Los investigadores sugieren un cambio en los métodos de enseñanza ambiental, integrando herramientas que fomenten la reflexión, permitan identificar ideas erróneas y optimicen la toma de decisiones en un entorno climático cada vez más complejo.
El objetivo es que los educadores se conviertan en guías que ayuden a los jóvenes a lidiar con la incertidumbre climática utilizando herramientas científicas, y reconociendo que la verdadera alfabetización ambiental comienza por identificar nuestras propias limitaciones.
Un hallazgo notable es que más de la mitad de los docentes evaluados en la investigación sobrestiman su nivel de alfabetización ambiental y tienen percepciones incorrectas sobre aspectos esenciales del cambio climático, como la geología, la historia climática y el efecto invernadero.
Aunque los participantes expresaron una alta autopercepción de su competencia ambiental (con una media de 4.07 sobre 5), al someterse a un examen objetivo de conocimientos, su rendimiento fue notablemente inferior (3.22 sobre 5).
La doctora Guiomar Garrido, investigadora de UNIR y autora principal del estudio, señala que esta paradoja explica por qué la desinformación sobre el clima persiste incluso en aulas que deberían estar bien informadas.
Esto implica que muchas prácticas sostenibles se llevan a cabo basadas en premisas incorrectas, lo que compromete la capacidad de la sociedad para enfrentar desafíos complejos. La doctora Garrido advierte que "actuar basándose en una confianza que no se fundamenta en una comprensión sólida puede llevar a decisiones ineficaces frente a la crisis climática".
También se ha destacado que la sobreconfianza de los educadores crea una barrera para el aprendizaje. La investigadora menciona que "cuando un profesional siente que ya domina un tema, su disposición a verificar fuentes o actualizarse se reduce, facilitando la asimilación de noticias equivocadas o conceptos erróneos".
Otro descubrimiento significativo es que la disposición a actuar no está correlacionada con el conocimiento real, sino más bien con la percepción personal de ese conocimiento. Es decir, quienes se consideran bien informados tienden a mostrar mayor disposición para participar en acciones proambientales, aunque su conocimiento real sea limitado. En contraste, quienes tienen un conocimiento más preciso no siempre se sienten impulsados a actuar en la misma medida.
La investigación también resalta la influencia de las emociones en la sostenibilidad. Los resultados indican que las creencias sobre el futuro del medio ambiente, sean estas optimistas o pesimistas, no se relacionan necesariamente con un mayor compromiso a la acción. Esto sugiere que ni la esperanza desmedida ni el alarmismo extremo son suficientes para motivar el compromiso diario con la sostenibilidad.
Estos hallazgos subrayan la necesidad de fortalecer la alfabetización ambiental entre los educadores para fomentar una mayor conciencia de sus limitaciones en el conocimiento. El equipo de investigadores sostiene que "la alfabetización ambiental debe ser fundamental, pero debe estar respaldada por una formación especializada basada en la Ciencia del Sistema Tierra".
Asimismo, aclaran que es esencial que los educadores no solo comprendan los contenidos, sino que también promuevan la metacognición, es decir, la habilidad del estudiante para identificar y corregir sus propias ideas erróneas.
La UNIR se posiciona como una institución educativa que ofrece una formación de calidad mediante innovadoras tecnologías, centrando su actividad en el estudiante. En España, ofrece múltiples programas académicos que abogan por una educación integral y personalizada, beneficiando a más de 90.000 estudiantes de diversas nacionalidades.
Gracias a su metodología de enseñanza, alineada con las exigencias del mercado laboral, la UNIR se convierte en un importante motor social que facilita que las personas, dondequiera que se encuentren, puedan alcanzar sus aspiraciones tanto académicas como profesionales.
Por último, la UNIR forma parte del grupo educativo Proeduca, que atiende a más de 105.000 estudiantes en distintos centros de educación superior y no reglada.
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