• lunes 28 de noviembre del 2022

La globalización y el cambio climático acentúan las tendencias migratorias, apuntan en UNIR especialistas en la materia

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LOGROÑO, 5 Jul.

El avance de las telecomunicaciones y la economía de mercado, los enfrentamientos en los países de origen y el cambio climático han transformado las tendencias de las migraciones; mientras que los Estados del primer planeta persisten en supervisar los flujos migratorios.

Estas fueron ciertas primordiales conclusiones del seminario 'Las migraciones en el planeta', en el que participaron Carlota Solé, catedrática emérita de la Universidad Autónoma de Barcelona y creadora del Grupo de Estudios sobre Migraciones Internacionales (GEMI); y Joaquín Arango, catedrático de Sociología emérito en la Universidad Complutense, codirector del GEMI y expresidente del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).

La sesión forma una parte del período de charlas 'Meditar el siglo XXI', ordenado por el Consejo Social de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) y comandado por el catedrático emérito de Sociología, Emilio Lamo de Espinosa, vicepresidente de UNIR.

Este introdució a los ponentes, destacando esta época de las migraciones, mencionando a las que llegan a la Unión Europea desde el Este (gracias a la guerra de Ucrania) y desde el Sur (con los subsaharianos). Destacó que los movimientos de población pertenecen a nuestra clase, por el hecho de que "la emigración es la crónica de la raza humana".

Carlota Solé explicó que "el avance de las telecomunicaciones y la economía de mercado global cambiaron las tendencias en la emigración". Por un lado, ha incrementado el número de emigrantes de todo el mundo en las últimas décadas y, por otro, "los Estados del primer planeta persisten en supervisar los flujos migratorios".

Las causas que impulsan a dejar el país "por el momento no son solo económicas", sino más bien asimismo "para escapar de amenazas al confort físico, quiebras de Estado, crueldad política o civil o catastrofes ecológicos. Desde 2010, se reconocen las llamadas migraciones medioambientales, en tanto que el cambio climático disminuye las opciones de supervivencia en ciertas zonas" ha añadido la especialista.

"En el final del siglo XX los migrantes se movían de manera pautada. Ahora en el siglo XXI semejan movilizarse indiscriminadamente, en un sistema mundial desestructurado", ha apostillado.

Se da, además de esto, una feminización del fenómeno: "ha incrementado el número de mujeres que migran como cabezas de familia". Y simultáneamente en un país como España, "las inmigrantes extracomunitarias han tolerado que mujeres españolas, que han rechazado tareas de precaución de extendida duración, prosigan con sus trayectorias expertos, lo que piensa una aportación al Estado de confort".

"España, que fue un país emisor desde los años 50 a los años 70, se convirtió en la actualidad en entre los veinte países mucho más esenciales de destino de inmigrantes" ha recordado Solé, "con 5 miles de individuos, que representan precisamente el 12% de la población total y el 17% de la población activa". Subrayó que la población de origen emigrante tiene "tasas de paro mucho más altas que la autóctona, del 22,5% en frente de 13,65% en 2022".

La ponente ha destacado los puntos positivos de la emigración: "ayuda al desarrollo demográfico, económico y cultural, y no amenaza a los intereses de la población autóctona sino comporta un beneficio". Se lamentó, en este sentido, del rechazo popular que desarrollan colectivos como "los menores no acompañados (MENAS) en el momento en que de todos modos, esos que no hayan cometido delitos, son la promesa, jóvenes que con su trabajo tienen la posibilidad de contribuir al avance y al capital productivo del país".

Influyen en esa actitud "el racismo y la hostilidad a los extranjeros", ha añadido. Y "los populismos que reaparecen en concomitancia con los movimientos migratorios".

Joaquín Arango, por su lado, ha coincidido en apuntar la "hiperpolitización negativa" que hace el fenómeno migratorio, "usado en la confrontación partidaria de fuerzas populistas y xenófobas, que halla su correlato en prácticas de gobiernos".

"Asistimos -ha señalado- a una creciente preocupación por la inmigración irregular, una psicosis, en contraste con la indiferencia de hace unas décadas". Esto se tradujo en todo Occidente en "la primacía de políticas de control, con proliferación de muros, vallas y verjas, 70 hoy en día, en el momento en que antes no pasaban de siete"

"La una parte del león de la Política Común de Inmigración y Asilo de la UE la forman medidas y prácticas para remarcar las fronteras de la Unión" ha añadido Arango. En la situacion de EE.UU., "el incremento del número de migrantes mexicanos en las primeras 2 décadas del siglo y los atentados del 11-S ha alimentado el rechazo a los foráneos". Lo como ha causado "la securitización de las políticas restrictivas de migraciones, que autoriza a políticas y prácticas protectoras, soslayando el derecho en todo el mundo decretado en la Convención de Ginebra".

De todas y cada una formas, "medra la conciencia de que el control de flujos es realmente difícil sin colaboración de países de origen y de tránsito, las políticas de 'externalización'", ha puntualizado.

En las últimas décadas se ha producido "un deterioro en la opinión popular de la emigración", más allá de que Occidente precisa la llegada de extranjeros. Y recordó la situacion de Sarkozy, que "fomentó en Francia una política de inmigración que potenciase la elegida (mano de obra cualificada) en frente de la sufrida (asilados, irregulares etcétera.)" .

Respecto a España, "el nivel de integración se ubica en cotas muy estimables", apuntó el especialista. A lo que ha contribuido "la política de empadronamientos llevada a cabo por los municipios".

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