"Establecer límites en el uso tecnológico: la solución para prevenir la adicción a videojuegos en jóvenes"
LOGROÑO, 2 de febrero.
En la actualidad, la regulación del consumo de videojuegos entre los adolescentes se ha convertido en un tema de preocupación vital para muchos padres. Dada la realidad virtual en que vivimos, las discusiones diarias acerca del tiempo que los jóvenes dedican a estas actividades son cada vez más comunes en los hogares.
En este sentido, la psicóloga Giulia Testa sugiere adoptar lo que se conoce como “dieta tecnológica”. Esto implica establecer reglas claras con los jóvenes en cuanto al tiempo que pueden dedicar a los videojuegos para prevenir posibles adicciones. La idea no es prohibir su uso, sino limitarlo de manera sensata.
Para arrojar luz sobre esta problemática, Testa, quien también es profesora e investigadora en el Grupo de Investigación en Adicciones Comportamentales de UNIR, señala que el enfoque no debe recaer en categorizarlos como "buenos" o "malos", aunque advierte que hay algunos videojuegos que presentan mayores riesgos que otros.
Lo crucial, explica la experta, es determinar cuántas horas al día puede invertir un niño o adolescente en los videojuegos y observar si se presentan cambios en su comportamiento. No existe una edad ideal o no para comenzar a jugar, ya que hay videojuegos simples que son apropiados para los más pequeños.
El problema surge cuando se empieza a notar un impacto negativo en su vida diaria, ya sea en su entorno familiar o en su interacción social. Testa advierte que una señal de alerta se produce si el joven empieza a aislarse o abandona otras actividades recreativas en favor de jugar, optando por amistades en línea a expensas de las relaciones físicas.
Además, la especialista destaca ciertos síntomas que pueden indicar una potencial adicción, como la aparición de síntomas de abstinencia, irritabilidad o dificultad para concentrarse en otras tareas, como sus estudios. Estas son señales que los padres deben tener en cuenta.
Para prevenir tales situaciones, Testa enfatiza el papel fundamental de la familia en la educación de sus hijos sobre el uso saludable de la tecnología. Es recomendable establecer acuerdos sobre el tiempo de juego, sugiriendo límites como no superar una hora al día, fomentando así la participación en otras actividades desde una edad temprana.
Si ya se ha llegado a una dependencia, es esencial que los profesionales de la salud intervengan y brinden tratamientos, ya sean individuales o grupales, con el fin de ayudar al adolescente a reconocer el problema y sus implicaciones.
El siguiente paso es investigar el origen de su comportamiento, indagando sobre las motivaciones detrás de su deseo de jugar tanto, ya sea por aburrimiento, soledad, o como una forma de lidiar con el estrés y las emociones negativas.
Una vez que se ha realizado un diagnóstico adecuado, el enfoque se debe centrar en enseñar al joven técnicas para gestionar sus emociones sin depender exclusivamente de los videojuegos, promoviendo también actividades que favorezcan una mejor integración social y familiar.
No obstante, Testa señala que existen casos más graves que requieren una atención aún más rigurosa. Más allá de la adicción a los videojuegos, puede haber otros problemas subyacentes como la depresión o el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), que se ha relacionado con un mayor riesgo de desarrollar conductas adictivas hacia los videojuegos.
La pregunta surge: ¿por qué hay un incremento en el riesgo de adicción en la actualidad? Según la experta, aunque los videojuegos han existido durante años, el cambio en la forma en que se juegan ha elevado este riesgo. Hoy en día, los juegos son altamente interactivos y permiten la comunicación con otros jugadores, lo que abre la puerta a comportamientos de apuestas, donde los adolescentes pueden tener que invertir dinero o recibir recompensas, aumentando así la probabilidad de adicción.
Los juegos en línea y los de múltiples jugadores son particularmente peligrosos, ya que suelen permitir a los adolescentes crear un mundo ficticio que, para ellos, puede parecer más real que el propio.
Por último, la docente de UNIR insiste en la importancia de fomentar un uso adecuado de los videojuegos durante la adolescencia, etapa en la que el cerebro aún está en desarrollo. Investigaciones han demostrado que un uso excesivo puede provocar alteraciones en áreas del cerebro relacionadas con la recompensa y la gratificación.
Ante tales realidades, Testa hace un llamado a los padres para que sean modelos a seguir. Es vital que no sean vistos pasando largas horas jugando o entretenidos con dispositivos móviles.
En conclusión, el desafío radica en educar a los jóvenes hacia un uso responsable de la tecnología. Es fundamental que comprendan que no es intrínsecamente negativo, pero que debe utilizarse con plena consciencia y moderación, enfatizando la importancia de establecer límites de manera razonable sin recurrir a la prohibición total.
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