El autor y periodista Jorge Alacid, originario de Logroño y nacido en 1962, introduce a su fascinante personaje Viberti en su nueva novela, *Las Horas Muertas*. A lo largo de su trayectoria, Viberti ha sido una constante en la vida de Alacid, quien ahora reflexiona sobre la polarización actual y cómo ser moderado puede considerarse un acto revolucionario.
El nuevo libro de Alacid surge de la admiración de los lectores de su primera novela, *Los Seres Queridos*, quienes vieron en Viberti un personaje con un potencial duradero. Esta revelación, que tardó en llegar al propio autor, inspiró a Alacid a explorar cómo Viberti se adaptaría a un contexto diferente y a una nueva narrativa en sus aventuras futuras.
Viberti ya no es un periodista que recorre las calles, sino que ahora ocupa el cargo de jefe de prensa del alcalde, lo que le brinda una nueva perspectiva sobre la sociedad española de la época. Alacid describió su interés en comprender cómo su personaje se enfrentaba a este nuevo entorno de comunicación institucional, en un periodo histórico donde la democracia estaba en sus primeras etapas y los gabinetes de prensa aún no tenían un rumbo claro.
El autor destaca que la España de esos años era un lugar lleno de incertidumbres, donde todos aprendían a navegar sin un manual. El protagonista, Viberti, se ve inmerso en este entorno inexplorado, lo que refleja la realidad de los primeros alcaldes democráticos que también se enfrentaban a desafíos que nunca habían imaginado.
A través de la escritura de *Las Horas Muertas*, Alacid ha desarrollado una mayor empatía hacia aquellos que vivieron la transición democrática. Reconoce que, en su juventud, era crítico de las decisiones políticas de entonces, pero ahora valora el proceso que llevaron a cabo los líderes de su generación, a pesar de sus imperfecciones.
El autor recuerda la dinámica política de esos tiempos, donde la ultraderecha mostraba su rostro violento, pero, paradoxalmente, en las urnas prevalecía un deseo colectivo de abandonar esos discursos radicales y construir un futuro más armonioso. Sin embargo, hoy en día, señala que esos mensajes radicales han resurgido, poniendo en cuestión el valor del consenso.
Alacid observa que en su época triunfó la moderación y, a pesar de compartir cierta desazón con las palabras de Eduardo Mendoza sobre el estado del mundo, mantiene una postura optimista, esperando que la concordia prevalezca en la sociedad. Para él, la esencia de la vida en comunidad radica en la diversidad de opiniones y en la capacidad de coexistir.
En su relación con Viberti, Alacid siente una conexión profesional y curiosa, aunque él mismo se describe como más apasionado y esperanzado. Por el contrario, Viberti se presenta como alguien más cínico y distanciado de la realidad que lo rodea. No obstante, el autor disfruta pensar que podrían compartir momentos amables, como una charla con copas de vino y cantando boleros, reflexionando sobre la evolución del periodismo.
El autor también critica el periodismo actual, sugiriendo que, a pesar de sus avances, falta una conexión más directa con la realidad y la calle. Alacid cree que la toma de decisiones rápidas ha erosionado un estilo de periodismo más reflexivo que, a su juicio, es necesario recuperar. Acepta que los gabinetes de prensa, como el que Viberti lidera, pueden ser parte del problema, aunque a menudo la culpa recae en la falta de autoreflexión.
Viberti, aún presente en el mundo de Alacid, lo influencia constantemente, llevándolo a preguntarse qué haría su personaje en diversas situaciones. Con este vínculo, se augura que el periodista sigue teniendo mucho que contar en las páginas venideras.
La historia de *Las Horas Muertas* se sitúa en España a finales de los años setenta, donde Viberti, el carismático periodista que cautivó a los lectores en *Los Seres Queridos*, se ve arrastrado a un cambio significativo en su carrera al aceptar la dirección de un gabinete de prensa municipal. Este giro lo llevará a un profundo encuentro con su propia oscuridad interna.
Sin embargo, en su búsqueda por evitar el aburriimiento, Viberti descubre una intrigante misión: la búsqueda de personas desaparecidas, marcando el inicio de una narrativa que se conecta con su historia anterior, pero que permanece como una obra autónoma en el universo literario de Jorge Alacid.
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